Publicación e ilustración en el siglo XX

En esta sesión tendremos un punto de vista desde las relaciones entre publicación e ilustración que se dan en Chile en el siglo XX, pensando en como la ilustración se inserta en la industria editorial, a través de la sátira política, la literatura infantil y revistas infantiles

La importancia de El Peneca (1908-1960) y las revistas infantiles

El Peneca como ya vimos es una revista infantil de la Editorial Zig-Zag, creada por Agustín Edwards, que se inició en 1908, naciendo como un “semanario ilustrado para niños de todas las edades, con material abundante, sano, ameno y variado”. En 1921 asume la dirección de la revista por 30 años Roxanne -Elvira Santa Cruz Ossa- quien lograría que las ventas subieran” desde 9.000 a más de 200.000 ejemplares en pocos años y la publicación se vendería en casi toda Latinoamérica. Ya en la editorial del N° 637, de 31 de enero de 1921, se fijaban las pautas a seguir y que se reflejaron en “un poco de cada cosa: caricaturas, fotografías, concursos literarios, anécdotas, maravillas, celebridades, chistes, modismos, sport, etc.”

El Peneca Nº 2032, 40 años. 1947.

A “partir de la década de 1930, se dio inicio a la época de oro de la ilustración, impulsada por una gran variedad de revistas para niños. En ese periodo surgieron publicaciones como Mamita (1931-1933), Topazín(1932), Abuelito, Chascón (1936), Campeón (1937), El Colegial (1941-1942), Aladino (1949-1951), El Cabrito (1941-1948), Simbad (1949-1956).

El Cabrito (1941-1948), dirigida también por Roxanne, fue una “publicación destinada a estudiantes y profesores en la que se rescataron leyendas chilenas, la historia nacional, sus héroes, su geografía, su flora y su fauna. Según el editorial de su primer número, la publicación de esta revista “netamente chilena”, era necesaria para ensanchar “los conocimientos artísticos, históricos y geográficos del niño, a la vez que le hiciera conocer cuánto hay de bueno, de hermoso y de grande en el mundo” (“A nuestros lectores”. El Cabrito. Año 1, número 1, 10 de octubre, 1941, p. 1).

Entre el gran número de ilustradores que participaron en la revista, destacaron Lautaro y Aníbal Alvial, Alfredo Adduard, creador de sus características portadas, la artista Laura Rodig, que dibujó mapas de cada una de las provincias de Chile, publicados entre los números 1 y 26, las historietas de Lorenzo Villalón, Renato Andrade (Nato), Jorge Christie y Walterio Millar, con su adaptación del clásico Cuatro Remos, de Daniel Barros Grez, y pasajes de la historia de Chile.”

Revista El Cabrito N°1

Revista Aladino N°1, 1949, ilustraciones de Alfredo Adduard. Esta revista duraría hasta 1951.

Revista Zig-Zag, n°14 1905

Coré

El gran Coré es el Ilustrador excepcional de la revista, que llegó siendo niño a esta y se transformó en un eximio ilustrador de El Peneca entre el año 1932, hasta su muerte el 13 de Marzo de 1950. Su nombre real es Mario Silva Ossa, y nació el 9 de Marzo de 1913 en San Fernando San Fernando, el 9 de marzo 1913.

Coré no era tanto un dibujante de historietas, sino más bien un ilustrador (plumilla, aguada, acuarela), que dibujó muchas portadas de “El Peneca”, basadas en algunas historietas y relatos que ahí se incluían, también solía ilustrar el relato de las cuatro páginas centrales que habitualmente terminaba en la contraportada.

Realizó adaptaciones de grandes novelas de aventuras juveniles, como “La isla del Tesoro” de Stevenson o “El Cisne Negro” de Sabatini, las que siempre fueron muy aceptadas y le permitieron ilustrar también los homónimos libros editados por Zig-Zag. Es inevitable no incluir las ilustraciones para “Corazón” de Edmundo de Amicís y las portadas de decenas de libros de aventuras de autores como Emilio Salgarí y otros, que el autor ilustró en aquellos años. Sin embargo, son sus dibujos sobre mitología, ogros, hadas, princesas y castillos, así como sobre las aventuras del clásico ingles “Herne, el cazador”, los más recordados”

Un libro hasta el día de hoy vigente ilustrado por Coré es El Silabario Latinoamericano

Elena Poirier

Libro Elena Poirier Ilustradora

Hija de inmigrante francés, Auguste-Jean Poirier, y madre chilena, Berta Fica, Elena Poirier nació en Gorbea, Provincia de Cautín, Región de La Araucanía. A pesar de no haber concluido sus estudios secundarios ni haber seguido una carrera universitaria, cultivó desde pequeña la pasión por el dibujo, pasión que la llevó a repuntar en el campo de la ilustración bajo el alero de Mario Silva Ossa (Coré).

Su carrera artística comenzó a los catorce años como ilustradora de cuentos infantiles para la Editorial Zig-Zag, entonces a cargo de Elvira Santa Cruz (Roxanne). Esto fue posible gracias a Mario Silva Ossa, ilustrador de El Peneca, quien al conocer su trabajo accidentalmente la contactó para que trabajara en dicha revista. Por consejo del mismo Coré, asistió a cursos libres en la Escuela de Bellas Artes.

En 1957 recibió ayuda del Instituto de Cultura Hispánica, gracias a la que viajó a España, donde permaneció tres años y realizó su primera exposición individual de acuarelas de hadas. Luego se trasladó a Italia e ingresó a la Universitá per Strannieri de Perugia, a estudiar historia del arte. Después de dos años de penurias consiguió un trabajo estable en la Iniziative Editoriali. Allí se hizo cargo de ilustrar la serie de cuentos clásicos «C’era una volta», perteneciente a la revista infantil Miao. Precisamente para el público infantil italiano inventó la historia muda de «Coccinella» (Chinita) con la que logró definir su estilo en tierras mediterráneas. Entre sus trabajos en el exterior también se cuentan ilustraciones para revistas de Colombia e Irak.

A pesar de la distancia, Elena Poirier nunca dejó de enviar sus contribuciones a Chile. Envió ilustraciones para revistas infantiles (como El Peneca, El Cabrito, Simbad), libros de cuentos infantiles de autores tradicionales (Andersen, Perrault y los Hermanos Grimm), libros para editoriales (Zig-Zag y Rapa Nui) y, sobre todo, los dibujos que acompañan los cuentos de Alicia Morel: La Hormiguita Cantora y el Duende Melodía, (1957), Cuentos de la Pícara Polita (1973), Polita va a la escuela (1985), Polita aprende el mundo, (1991), Aventuras del duende Melodía (1994) y Polita en el bosque (1996).

Literatura infantil e ilustración

Respecto a la literatura infantil hubo un “período de auge de la literatura infantil, aparecieron otros escritores que inauguraron una cuentística más apegada al folclor y a las tradiciones populares. Los primeros fueron: Ernesto Montenegro, autor de Cuentos de mi tío Ventura (1938) y Marta Brunet, quien publicó Cuentos para Marisol (1938) y Por qué el Petirrojo tiene el pecho rojo.

Luego, vinieron Maité Allamand con su libro Alamito el largo (1950) y Carmen de Alonso, quien se inspiró en relatos orales y leyendas. Un paso importante para la literatura infantil en Chile fue la fundación del IBBY (International Board on Books for Young People: Organización Internacional para el Libro Juvenil) en 1964. Gracias a esta organización, por fin los escritores pudieron reunirse para realizar actividades en conjunto e impulsar nuevas publicaciones. Las nuevas tendencias se iniciaron con Marcela Paz (en que su primer papelucho fue ilustrado por su hermana Yola en 1947) y Hernán del Solar. Renovados autores contemporáneos aparecieron para escribir cuentos distintos y de diversas índoles. Entre los autores más destacados están: Alicia Morel, María Silva Ossa, Lucía Gevert, Cecilia Beuchat, María Eugenia Coeymans, Felipe Alliende, Víctor Carvajal, Saúl Schkolnik, Manuel Peña Muñoz, Héctor Hidalgo, Manuel Gallegos, María Luisa Silva, Jacqueline Balcells y Ana María Güiraldes. Con el tiempo, la literatura infantil en Chile se ha especializado, ya sea por la colaboración de grandes ilustradores, como por la puesta en marcha de editoriales que mejoraron la calidad de las publicaciones.

Álbum de cosas para aprender a leer, Editorial Zig-Zag

Mauricio Amster

La mejora en la calidad de las ediciones también ayudó a esta especialización, la llegada desde España del diseñador y tipógrafo Mauricio Amster ayudó en esto, ya que su trabajo marca un antes y un después en la industria editorial en Chile. “Mauricio Amster diseñó y dibujó las portadas y diagramó y compuso los textos de miles de libros y revistas de las más importantes editoriales chilenas entre los años 1940 y 1980, imponiendo en cada uno de sus trabajos un sello de calidad estética y técnica.

Mauricio Amster Cats nació en 1907 en Lemberg, Polonia, en el seno de una familia sefardita. A los veinte años se trasladó a Berlín, donde estudió comunicación gráfica, tipografía y diseño de publicaciones en la Escuela de Artes y Oficios.

En 1930 viajó a España en busca de nuevos horizontes laborales, invitado por su amigo el tipógrafo Mariano Rawizc. El joven diseñador vivió intensamente los seis años de la llamada Segunda República española, época durante la cual, además de consolidarse como profesional trabajando para diversas revistas, diarios y editoriales -entre ellas Ulises, Dédalo, y Renacimiento-, dio curso a sus inquietudes políticas, militando por cinco años en el partido comunista. En julio de 1936, al estallar la Guerra Civil española, Amster se enroló como voluntario en las milicias populares, de las que fue licenciado por su miopía. Desde entonces, su participación se canalizó a través de otras labores: colaboró en el traslado de las obras del Tesoro Artístico Nacional de Madrid a Valencia y se desempeñó como director de las publicaciones del Ministerio de Instrucción Pública. Posteriormente fue destinado a la Subsecretaría de Propaganda, donde diseñó la Cartilla Escolar Antifascista, destinada a alfabetizar y adoctrinar a los soldados de las trincheras.

De Valencia, Amster pasó a Barcelona, donde se casó con Adina Amenedo, una encuadernadora de libros. Tras la victoria del franquismo, el matrimonio se trasladó a Francia, donde fueron acogidos por la familia Alberti, quienes lo presentaron a Pablo Neruda. El poeta había sido enviado a Francia como cónsul especial para la emigración española, con la misión de seleccionar a los refugiados españoles que se embarcarían en 1939 a bordo del Winnipeg, con destino a Valparaíso.

Al llegar Mauricio Amster a la Estación Mapocho de Santiago, en septiembre de 1939, lo esperaba un cartel que lo llamaba a presentarse en la redacción del semanario Qué hubo en la semana, dirigido por Luis Enrique Délano. Pocos años después comenzó a trabajar como director artístico de la editorial Zig-Zag, que dirigía entonces el escritor español José María Souviron.

En forma paralela a este trabajo, Amster promovió otros proyectos editoriales, como la editorial Cruz del Sur y la revista Babel. A esta última, considerada como una de las más importantes publicaciones culturales de la historia editorial chilena, se integró en calidad de gerente a comienzos de 1944, interviniendo además como diseñador, traductor y colaborador.

Amster también participó en el diseño de las revistas Mapocho y Antártica, y trabajó como director artístico en otras editoriales, como la Editorial Jurídica fundada por Arturo Matte, la Editorial Nascimento, propiedad de Carlos George Nascimento y la Editorial Del Pacífico.

En 1953, junto al escritor Ernesto Montenegro fundó la Escuela de Periodismo, Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad de Chile, en la que asumió la cátedra de Técnica Gráfica. Por esa misma época, Amster comenzó una de sus relaciones laborales más fructíferas, al convertirse en el diseñador y tipógrafo de la Editorial Universitaria, institución a la que siguió ligado hasta su muerte en febrero de 1980.”

Los años 50

A partir de la década de 1950, las publicaciones ilustradas comenzaron a orientarse hacia la historieta, hecho que sumado a un cambio generalizado del uso del tiempo libre en Chile y el aumento de las importaciones de material extranjero, fueron mermando el impacto de las revistas y libros ilustrados. La trágica muerte de Coré y la renuncia al año siguiente de Roxanne al Péneca fueron factores que fueron debilitando la escena. Poirier partiría a Italia en 1957 para no regresar más a Chile, aunque seguría colaborando.

Una colaboración interesante que ayudó a renovar en su época el género se dió entre Marta Brunet y Roser Brú, pintora y grabadora chilena de origen español, que llegará en el grupo de exiliados españoles arribados en el barco Winnipeg en el 1939.

Libro: Aleluya para los más chiquitos, Marta Brunet con ilustraciones de Roser Bru.

Editorial Rapa Nui

A mediados de los años 40 fue muy importante para la ilustración infantil la Editorial Rapa Nui por el escritor Hernán del Solar. “A partir de 1946 hasta 1951, publicaron alrededor de 60 libros, de los cuales 49 fueron escritos por el mismo Hernán del Solar quien decidió escribir los libros y firmarlos con originales seudónimos como Bat Palmer, Ricardo Chevalier, Juan Cameron, Walter Grandson, Oliverio Baker, Clovis Kerr, Abelardo Troy, Peter Kim, Gastón Colina, Bill Boyd y Aldo Blu.

Los libros de Rapa Nui, dirigidos a niñas y niños, contaban con ilustraciones realizadas por destacados artistas: Coré (Mario Silva Ossa), Elena Poirier, Hedi Krasa, Roser Bru, Aníbal Alvial, Jorge Christie, Darío Carmona y Yolanda Huneeus, hermana de Marcela Paz, que fijó el tipo característico de Papelucho, una ilustración que pasó a formar parte del imaginario colectivo de todos los lectores del clásico infantil.

Los lomos de estos libros eran de color rojo intenso. Al ponerlos ordenadamente en una casita de madera confeccionada por la editorial, iban formando su tejado y, al mismo tiempo, la primera biblioteca del niño. El objetivo de estrategias de este tipo era incentivar una pequeña colección de libros infantiles editados con un criterio artístico y de calidad literaria. En Editorial Rapa Nui se creía que el niño necesitaba de buenas lecturas por lo que fomentó premios literarios destinados a estimular a aquellos escritores que se interesaban en la literatura infantil.

Algunos de los títulos clásicos de Rapa Nui escritos por Hernán del Solar fueron La PorotaEl misterio del circo NeptunoEl castillo de la medianocheEl peñón de los monosEl rey de los atunesEl hombre del sombrero de copa, Memorias de una sirena, La niña de piedraEl cazador de sombrasEl cofre del gitano. En su mayoría, eran narraciones de corte misterioso, inspiradas en las novelas policiales del escritor inglés Gilbert Keith Chesterton a quien del Solar admiraba. Entre estos existían también narraciones alegóricas, de corte poético, en las que es visible un permanente deseo de evasión, de búsqueda de mundos superiores.

Cada uno de los libros publicados por Editorial Rapa Nui llevaba un mensaje escrito por Hernán del Solar que decía: “En el maravilloso reino de la imaginación nunca han vivido plenamente sino los niños y los hombres que no han olvidado su infancia. En estos libros, escondida en la primera página, está la llave que abre las puertas del reino. Entremos confiadamente. Seremos recibidos por amables personajes que tienen una historia que contarnos. Todos los niños de la tierra acuden en algún momento del día hacia aquella persona que sabe contarles una historia grata. En cada uno de nuestros libros hay un autor que les dice a los niños ‘Vengan y escuchen mi cuento’. Y lo que este autor les dice a los niños es siempre ameno y será durante largo tiempo recordado”.

Editorial Quimantú y la Colección Cuncuna

La Editorial Quimantú compró parte de la Editorial Zig Zag en 1971. Era un proyecto que formó parte del Gobierno de la Unidad Popular con Salvador Allende como presidente, en que su objetivo era democratizar la cultura, produciendo libros a muy bajo costo.

Dentro de la Editorial Quimantú se creó la Colección Cuncuna, que fue la primera colección de literatura infantil de Chile, “dedicada a niñas y niños en etapa pre-escolar, estuvo compuesta por dos series, Cuncuna Cuentos y Cuncuna Pintamonos. La primera presentó cuentos y poemas de autores nacionales como Marta Brunet, Floridor Pérez y Walter Garib; de autores internacionales como Oscar Wilde, Horacio Quiroga y los hermanos Grimm, entre otros; además de algunos relatos anónimos de otras latitudes. Cada ejemplar estaba ilustrado por dibujantes como Guido, Nato, Hervi, Marta Carrasco, María Angélica Pizarro, Irene Domínguez y otros profesionales. La segunda, fue una serie de libros para colorear” (sitio Memoria Chilena). Una de las importancias que yuvo Cuncuna fue que por primera vez la ilustración tuvo un espacio considerable en las páginas de los libros, las ediciones proyectadas por Nato dejaban espacio al dibujante para incorporar los dibujos en las historias.

Algunos de los libros publicados por Cuncuna:

El rabanito que volvió : anónimo chino, ilustrado por Marta Carrasco.

El Negrito Zambo, ilustrado por Nato

La desaparición del carpincho, ilustrado por Hervi

Invernadero de animales : cuento popular ruso, ilustrado por Marta Carrasco

Aquí algunas imágenes del libro El Huevo Vanidoso, de Juan Tejeda, ilustrado por su hijo Guillermo Tejeda.

Marta Brunet Bertrand

La ilustradora Marta Carrasco marca un puente con los años 80 y 90, ya que su obra se desarrolló en esa época, además de sus colaboraciones en los años 60.

“Marta Carrasco comenzó su carrera en los años 60. Entonces, colaboró con las revistas Evay Mampato, y la editorial Quimantú. Luego, tomó contacto con la escritora Marcela Paz, lo que la llevó a ilustrar Papelucho, Perico trepa por Chile y Los pecosos. También estudió en la Escuela de Bellas Artes.

Durante su trayectoria también fue titiritera. Incluso, realizó programas de televisión, entre ellos, Tata Colores. También escribió los libros El club de los diferentes, La otra orilla y Érase una vez un espacio.”

Según las investigadoras que rescataron su obra María José Guellar, Isabel Molina y Claudio Aguilera “En el fondo, en sus dibujos, uno ve la dimensión real del niño o niña que a veces se ríe y lo pasa mal. Entonces, ella observaba el mundo infantil con un nivel de respeto con el que uno podría sentirse identificado. Es decir, ella daba cuenta de cómo los niños se desenvolvían en su día a día, en su mundo emocional, interno”, añade.

Sin embargo, durante el estudio de los documentos, los investigadores constataron que la infancia no era el único ámbito que despertaba el interés de la ilustradora. Según explica María José Guellar, en el archivo lograron identificar una serie de piezas ligadas a “lo femenino”: “Encontramos unos dibujos de unas mujeres desnudas que irrumpen en una escena de una familia muy formal y tradicional. En estos trabajos como que Marta Carrasco aborda un universo erótico. No sabemos por qué no publicó esta serie, quizás no tuvo la posibilidad”, señala.”

“Érase una vez el espacio”: Dos hombres –uno azul y otro amarillo– viven uno al lado del otro, en un espacio perfectamente delimitado. Ambos se miran con desconfianza y amenazan con invadir el espacio del otro, lanzándose manchas de colores azules y amarillas. Luego, con mucha fuerza y determinación, el hombre azul comienza a ensanchar sus dominios hasta que el hombre amarillo apenas cabe en su rincón. Se inicia así una batalla sobre la página en blanco entre estos dos personajes, enfrentamiento que se complica al aparecer las familias de cada uno. ¿Cómo y quiénes ayudarán a resolver esta pugna?

Tarea

Luego de revisar completo el libro “Antología Visual del libro ilustrado en Chile” de Claudio Aguilera (en biblioteca), elegir uno de las obras que aparecen en el libro y realizar un breve ensayo sobre la obra elegida, a partir de la lectura del libro y lo que les interese investigar además de esa reseña. Lo interesante de este libro es que cuenta la historia del libro ilustrado en Chile a través de sus obras, por lo que les recomiendo que profundicen en la lectura de las obras que les interesen (más allá de la tarea), de ahí la importancia que revisen el libro completo antes de hacer la tarea.

Es muy importante también que traigan algún libro o revista o comic antiguo que encuentren en su casa (o que puedan conseguir) que tenga relación con lo que hemos visto en la sesión anterior, es decir, que sean publicaciones que por su calidad visual les llaman la atención, o que derechamente tengan trabajos de los autores que hemos visto en la clase

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