Si pudiéramos hacer una ilustración conjunta de dónde vienen nuestras familias es probable que los territorios se desdibujen, tanto lo local de una ciudad o una región rápidamente hacia nuestros padres/madres o abuelos/abuelas probablemente serían del sur o del norte, o de otras ciudades, con muchas posibilidades de que implique una migración de nuestras familias en otros tiempos del campo a la ciudad, o del cruce de fronteras desde otros países o desde formas de vida de culturas indígenas. En ese contexto lo interesante del ejercicio es percibir como la migración está presente constantemente, y desde ahí preguntarnos si nuestras raíces son diferentes qué es lo que configura una identidad común, si que existe.
Hay un marco sobre el cual nos hacemos esa pregunta, quizás la mayoría podemos decir somos chilenas, chilenos, somos de Chile. Y quizás algunxs puedan decir que nacieron en otros países, o que su familia viene de un pueblo indígena al cual se sienten que pertenecen más que a Chile como nación. También dentro de ese Chile los territorios son diferentes, la zona macro norte está muy ligada a Bolivia y Perú, por la historia común que tienen y por las poblaciones indígenas que están en el territorio independiente de la nación, o hacia el sur la presencia mapuche y la influencia de la migración europea desde el siglo XIX marcan diferencias culturales muy fuertes, así como los mismos territorios en sus extremas diferencias van marcando también diferencias en los modos de ser, vivir rodeado de desierto es muy diferente a vivir rodeado del extremo frío, naturaleza y viento, como en la Patagonia, por ejemplo.
Entonces, dentro de estas diferencias, ¿Qué es lo que nos une? Que vivimos en un estado nación denominado Chile, que tiene límites definidos, una división administrativa y una historia política y social común. Este estado republicano tiene que generar discursos e imaginarios para hacer que toda esa gente diferente se una bajo una misma administración, que acate una misma autoridad, una misma política, economía y sociedad, que a partir de la independencia de Chile de la corona española a principios del siglo XIX toma la forma que tiene hoy día, la nación en la cual vivimos nosotrxs. Antes de la independencia el territorio de Chile llegaba hasta el Bío-Bío, con la independencia se declaró que todas las personas que vivían en el territorio eran chilenos, unificando territorialmente el sur de Chile, ganado en la colonia como territorio mapuche, que gracias a los adelantos técnicos en comunicaciones y armamento pudo ser conquistado militarmente en la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”, avanzada militar que tomó por la fuerza los territorios mapuches para ser poblados por migrantes europeos.
En la creación del concepto de nación republicana de Chile durante el siglo XIX tanto los relatos como la creación de un imaginario sobre esa nación tomó gran relevancia. Desde los relatos de la historia en la segunda mitad del siglo XIX con escritores como Barros Arana, se escribió toda una historiografía que daba un sentido histórico en el tiempo de una historia común, con grandes hechos y héroes que marcaron profundamente la enseñanza de la historia en la educación, probablemente hasta nuestros días. Las imágenes que acompañaron estos relatos fueron muy importantes y aún podemos verlas en los billetes de mil pesos o en algunos textos escolares. Luis Fernando Rojas, gran ilustrador chileno del siglo XIX como veremos más adelante, fue el responsable de gran parte de este imaginario, encargado por personajes como Benjamín Vicuña Mackenna en libros como el Album de las Glorias de Chile.
En esta creación de los estados naciones latinoamericanos el conocimiento del territorio fue muy importante, en una modernización de los saberes en que la investigación científica sobre los territorios cobró mucha relevancia. En ese contexto también estaba presente la visión de científicos que viajaban por el mundo recolectando a través de datos e ilustraciones, tanto a nivel botánico, geológico y social el estado de los territorios. Alexander Von Humbolt fue a nivel latinoamericano muy importante en este sentido, dando un conocimiento sobre los territorios que investigó inexistente hasta ese momento. En Chile el Estado comisionó a Claudio Gay para realizar un estudio sobre el territorio chileno, de 12 tomos. Así mismo también labores como la de la viajera María Graham en 1822, dejó testimonio del Chile de ese entonces.




Berghaus Atlas, UCD Library Special Collections – copystand images for Prof Anne Buttimer 


En ese contexto la ilustración tuvo un papel importante, ya que ilustraciones acompañaron a estos relatos que fueron forjando la idea de estado nación chilena, de la mano con un incipiente desarrollo de la imprenta tipográfica en Chile en el siglo XIX, que posibilitó la profileración de publicaciones con cliches de tipos móviles, en talleres artesanales pequeños de carácter familiar, donde se publicaron almanaques, libros, folletos, revistas y periódicos, entre ellos El Correo Literario, primer periódico ilustrado de caricaturas en Chile, en que dibujaron Antonio Smith entre otros.
El desarrollo de las publicaciones en este período también se dio en el contexto de una concepción intelectual que tenía al impresor y al tipógrafo como un agente de transformación social, en que los tipógrafos se unieron además como gremio formando la Sociedad Tipográfica de Santiago en 1853, y la Sociedad Tipográfica de Valparaíso, siendo pioneros en el mutualismo en Latinoamérica con la Unión de los tipógrafos, ambas ciudades como los grandes centros de producción gráfica durante el siglo XIX. La profileración de periódicos ayudaba a la propagación de ideas, tanto liberales, como conservadoras, en que la sátira política abrió las posibilidades críticas, o periódicos obreros hacia finales del siglo XIX o prensa hecha por editoras mujeres.
A partir de 1860 la industrialización del país, acelerada en el último tercio del siglo XIX con la anexación del territorio de la zona norte de guano y salitre ganada militarmente a Bolivia y Perú, trajo consigo la consolidación de una élite burguesa con mayor capacidad de consumo para lujos y productos, al tiempo que el comercio internacional diversificaba la producción industrial de enseres cotidianos, disponibles para la población. Esto conllevó la aparición de publicidades y envoltorios de productos, de colores llamativos, trabajo tipográfico e ilustración atractiva al cliente, donde la impresión de clichés tipográficos perdía interés para pasar a tener predominancia el uso de la litografía y la cromolitografía, presentes en Chile desde 1840, pero con gran despegue de su industria a finales del siglo XIX, conviviendo con las imprentas tipográficas.
A la par de este fenómeno los tipos de publicaciones y la manera de trabajo de la producción de imprenta empiezan a cambiar y se modernizan. Por un lado los talleres tipógraficos, mayoritariamente de pequeñas empresas familiares, empiezan a competir con grandes industrias de imprenta, en que existe una división del trabajo y una gran cantidad de empleados. La imprenta Barcelona en Santiago y Universo en Valparaíso, serían las más grandes, llegando en 1911 a emplear a 300 personas la Barcelona. Con la consolidación de la litrografía y la cromolitografía en esta incipiente industria editorial también las publicaciones cambian, así mismo como la técnica llevó al cambio también fue un cambio en los contenidos, pasando de publicaciones específicas (por ejemplo periódicos en que sólo eran noticias, almanaques satíricos que sólo eran ilustraciones, etc.) a revistas o magazines que combinaban distintos tipos de contenidos, entre crónicas, humor, noticias, etc. y que generaban un producto de consumo editorial mucho más atractivo para el público. Esto sumado a la incorporación del fotograbado fue conviviendo con la ilustración alrededor de los años, a medida que la ilustración por encargo fue disminuyendo. La Lira Chilena, que tuvo a Alejandro Fauré y Luis Fernado Rojas en su trabajo, fue impregando en esta nueva era editorial la marca del modernismo heredado del art nouveau europeo, que sería la tendencia visual predominante en esta época, de la denominada belle epoque chilena.

En una etapa intermedia de estas transformaciones se encuentra la Revista Cómica, fundada por Luis Fernando Rojas en 1895, que combinaba la antigua sátira de humor gráfico con contenido más diversificado.
Dos personajes en particular se destacarán en la proleferación y calidad de su producción gráfica en este período: Luis Fernado Rojas y Alejandro Fauré. El primero vivió toda la transición desde el siglo XIX al siglo XX, naciendo a mediados del siglo XIX y fallece en 1942, estando activo en su producción hasta su muerte, siendo un prolífico ilustración con cientos de producciones de caricaturas, ilustraciones editoriales, de revistas, libros, publicidades, etc. y como ya hemos visto un personaje clave en los imaginarios tanto oficiales como satíricos del siglo XIX en Chile, adaptándose a los nuevos tiempos durante el siglo XX, trabajando como ilustrador de publicaciones como el Péneca, Sucesos y Zig-Zag.
Alejandro Fauré, por su parte fue hijo de inmigrantes franceses en el puerto de Valparaíso en el siglo XIX, destacando la complejidad gráfica de sus diseños litográficos enclavados en una versión art nouveau contemporánea de los grandes maetros europeos, siendo director de arte de publicaciones como Noticias gráficas y con gran importancia en su desarrollo den la Imprenta Barcelona, luego de asentarse en Santiago. Estos dos artistas gráficos son un claro ejemplo de cómo se entendía el oficio gráfico en ese entonces, sin existir la figura del diseño gráfico, podían pasar por todas las etapas de producción, al mismo tiempo que luego la figura del director de arte, e cargo de dar una coherencia visual a todas las prtes y procesos de una misma publicación, en un antecedente directo de lo que hoy entendemos como diseño gráfico.
En esta modernización de las publicaciones aparecieron las magazines modernas propiamente tal, que incluyeron una gran producción de tiraje y distribución a nivel nacional, y una diversificación de revistas a partir de una misma empresa, la editorial Zig-Zag, que creo publicaciones para públicos segmentados, como fueron los niños y la creación de El Péneca en que trabajaron grandes ilustradores como Coré, creador de Quintín el aventurero, o Elena Poirier. Zig Zag fue un ” medio que reunió a uno de los equipos artísticos más numerosos, integrado por nombres extranjeros como Paul Dufresne, Carlos Zorzi y Foradori, junto a dibujantes nacionales como Julio Bozo (“Moustache”), Pedro Subercaseaux (“Lustig”), Nataniel Cox Méndez (“Pug”), Lamberto Caro, Raúl Figueroa (“Chao”) y Mundo, entre otros. Contribuyeron también a este respecto otras publicaciones de la misma empresa editora Zig-Zag, como El Peneca (1908-1972), donde sobresalió el trabajo del dibujante Mario Silva Ossa (Coré); Corre-Vuela (1908-1927), cuyas primeras portadas fueron ilustradas por Moustache; Selecta (1909-1912), Familia (1910-1928) y Pacífico Magazine (1913-1921), entre otras”
En esta modernización de las publicaciones aparecieron las magazines modernas propiamente tal, que incluyeron una gran producción de tiraje y distribución a nivel nacional, y una diversificación de revistas a partir de una misma empresa, la editorial Zig-Zag, que creo publicaciones para públicos segmentados, como fueron los niños y la creación de El Péneca en que trabajaron grandes ilustradores como Coré, creador de Quintín el aventurero, o Elena Poirier. Zig Zag fue un ” medio que reunió a uno de los equipos artísticos más numerosos, integrado por nombres extranjeros como Paul Dufresne, Carlos Zorzi y Foradori, junto a dibujantes nacionales como Julio Bozo (“Moustache”), Pedro Subercaseaux (“Lustig”), Nataniel Cox Méndez (“Pug”), Lamberto Caro, Raúl Figueroa (“Chao”) y Mundo, entre otros. Contribuyeron también a este respecto otras publicaciones de la misma empresa editora Zig-Zag, como El Peneca (1908-1972), donde sobresalió el trabajo del dibujante Mario Silva Ossa (Coré); Corre-Vuela (1908-1927), cuyas primeras portadas fueron ilustradas por Moustache; Selecta (1909-1912), Familia (1910-1928) y Pacífico Magazine (1913-1921), entre otras”
De forma paralela a este desarrollo de publicaciones editoriales, durante el siglo XIX y entrado el siglo XX desde el mundo popular se dio una forma muy particular de comunicación gráfica: La lira popular:

«Con el nombre de Lira Popular conocemos una serie de impresos sueltos que circularon masivamente en los principales centros urbanos de Chile entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Los poetas populares -salvo contadas excepciones, hombres de extracción rural transplantados a la ciudad- publicaban allí sus composiciones en verso, donde comentaban el acontecer social valiéndose de las formas métricas y del imaginario de la literatura de tradición oral. La Lira Popular fue el fruto de una síntesis entre los modos de expresión propios de la cultura campesina y las dinámicas modernas de circulación y reproducción de la palabra escrita. Por medio de estos pliegos y, luego, a través de otras publicaciones de mayor envergadura como folletos, cancioneros y cuadernillos, los poetas populares fraguaron una inédita tribuna para difundir su voz y poner la palabra escrita al servicio del sentir del pueblo.
La expresión local de la «literatura de cordel» -como se conoció esta práctica en Europa debido a la forma en que las hojas se exhibían en la vía pública, colgando de un cordel atado de un árbol a otro- data de mediados de la década de 1860, época en la que una incipiente opinión pública centraba su atención en los hechos asociados a la Guerra contra España. Fue entonces cuando «el cantor de novenas y velorios, diestro en la composición de décimas a lo divino y lo humano, se decidió a utilizar el viejo metro en el comentario de hechos cívicos, y dio a conocer sus composiciones por medio de la imprenta» (Uribe, Juan. Flor de canto a lo humano, p.16). En los versos de la Lira se mezclaba, así, la relación vívida de los sucesos de actualidad -desde crímenes, catástrofes naturales y toda suerte de fenómenos prodigiosos, hasta las vicisitudes de la Guerra del Pacífico, de las contiendas electorales o de la crisis política durante el gobierno de José Manuel Balmaceda– con referencias a ciclos y personajes bíblicos características del a lo divino o con los brindis, payas, cuecas, tonadas y contrapuntos poéticos típicos del canto a lo humano, las dos vertientes de la poesía tradicional del Valle Central chileno.
Encabezados por un titular e ilustrados con grabados, estos pliegos de tamaño variable incluían entre cuatro y ocho décimas, generalmente glosadas por una cuarteta, todas de un mismo autor. Además de firmar con su nombre o con un seudónimo, el propio poeta solía encargarse de pregonar la venta de los ejemplares en las calles, los mercados y las estaciones de trenes, por donde transitaban los obreros, empleadas, campesinos y artesanos que conformaban su público. Como se trataba de un segmento mayoritariamente analfabeto, no deben haber sido pocas las personas que compraban los pliegos atraídos por las imágenes o las que se reunían para escuchar la lectura en voz alta de las décimas. Si bien la circulación de la Lira decayó notoriamente hacia 1920, investigaciones recientes han demostrado que su impresión se prolongó al menos hasta la década de 1940, llegando a alcanzar tirajes de ocho mil ejemplares.»(Memoria Chilena)
http://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0008661.pdf
http://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0008657.pdf
http://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0008659.pdf
http://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/MC0008662.pdf
Tarea.
Elegir uno de estos textos para realizar informe de lectura, centrado en investigar al ilustrador o ilustradora elegido.
Texto sobre Luis Fernando Rojas (libro en biblioteca)































































