La cueca larga 1958
Nicanor Parra con ilustraciones de Nemesio Antúnez
Quien espera encontrar en esta obra referencias a la antipoesía o a la lírica occidental tal como la conocemos hoy en día ya ha fracasado, lo que esta obra ofrece es un sentido de la poesía primigenia en la que la palabra era cantada y encantaba, una época en que la poesía era tradición oral y el poeta un humilde compositor a las cosas naturales. Éste era el obrar del rapsoda que cantaba en la antigua Grecia, la poesía como hoy la conocemos, no apareció sino hasta mucho tiempo más tarde y su significado cambió con este suceso. En ese sentido sí es antipoesía, en su aparición tan rabiosamente antintelectual que caracteriza a toda la obra de Nicanor Parra.
El sentido de esta obra no aparece plagado de concepciones filosóficas ni metafísicas, por el contrario, aparece lleno del sentido vulgar y cotidiano, reflexiones sobre la festividad y la cosmovisión más humilde del huaso del campo, el poeta es un payador y da cuenta de la gracia y la socarronería criolla, mezclando aires populares y cultos para mostrar al hombre de la tierra, su saber popular, su ingenio, y sus preocupaciones sociales. En general, esta obra es un elogio al campesino y a sus costumbres y en ellas se homenajea al vino, portador de una hermandad viril, y también de la melancolía que entraña la conciencia del devenir, de la visión de la muerte y la trascendencia.