En vísperas de la conquista, el imaginario que planteaban los europeos sobre américa, era una conceptualización ingenua y surrealista, que consistía en establecer que estas culturas eran «monstruosas» u «obscenas», descritos e ilustrados casi como entidades no humanas caníbales, con piel azul, sin cabeza y con mucho bello corporal; todo esto con el fin de justificar su colonización.