Algo en mí muy profundo se opone a la infelicidad.
Elena Poirier
Elena Poirier, alma joven y dulce, nace en 1921 en la Región de La Araucanía, con infinita voluntad y pasión por la fantasía.
De infancia pobre, Elena dibujaba mucho, aunque su madre no la apoyara en su lado artístico. Su abuela inspiró su lado de fantasía con incontables cuentos de hadas, castillos, princesas, piratas y duendes. Lamentablemente, luego de la muerte de su abuela, Elena y el resto de su familia vendieron el terreno en donde vivían, para mudarse a Santiago, ambiente muy diferente al que estaban acostumbrados.

A Elena no le iba bien en el colegio, se la pasaba dibujando, y pasó que el padre de una amiga suya, vio los dibujos que había hecho Elena en el cuaderno de su hija, y asombrado por la calidad los fue a presentar a la editorial donde trabajaba, Zig-Zag. Así fue como Mario Silva Ossa (Coré), su futuro mentor, descubrió su arte, y luego de un tiempo empezó a trabajar con Poirier en la editorial, teniendo ella 14 y él 22/23. Cuando Elena cumplió la mayoría de edad pudo ser contratada y trabajar oficialmente ilustrando distintas revistas.
Después de la muerte de Coré, Elena queda sola, con su padre y abuelos muertos y su madre en otro país. Bajo este ambiente es que en 1950 empieza a trabajar para la revista Simbad, por la que más se le conoce, con sus portadas monocromáticas presentando escenas de los cuentos tratados.
Su otra pareja artística fue Alicia Morel, escritora, con quién empezó a trabajar en 1957 en «Cuentos de la Hormiguita Cantora y el Duende Melodía«, conectando con pequeños insectos con aires mágicos: hormigas, abejas, chinitas, luciérnagas, orugas, etc. Una ilustraba, otra escribía, bajo la misma sintonía artística.
La última parte de su vida la pasó en Europa, Italia, trabajando para editoriales de Italia, Iraq, España. Lamentablemente, al final varias editoriales dejaron de producir, por quiebra o guerras. Aún así, Elena mantuvo en general su alma jovial y su inocencia fantástica. Muere por cáncer al pulmón, en 1998, y las amigas que hizo en Roma la acompañaron hasta el final.
Luego de su muerte, Dibam (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos) lanzó una carpeta homenaje, recopilando varias ilustraciones de Elena Poirier, titulada «A todos los niños«. También, en el Museo Histórico Nacional de Chile, está la colección completa de su trabajo, donado por ella misma, y hoy en día se expone una selección de sus obras.

