Podemos constatar que ya desde pequeño, Fauré pudo verse influenciado por la pintura y el grabado, todo de la mano de su padre, quien dedicaba parte de su tiempo a hacer imitaciones de algunas obras reconocidas del momento. Por otro lado, Fauré incursionó más personalmente en el grabado, inspirándose en las corrientes europeas y más específicamente situándose junto al creciente progreso del «art Nouveau».
Con 15 años, Fauré dio sus primeros pasos como dibujante en la litográfica Gillet, empleando la tarea de traspasar el dibujo a la piedra litográfica, además de hacer que los originales en papel fuesen reproducibles, tarea que se denominaba como «transporte»; desde aquí dio su propio salto creativo, fijándose más en lo publicitario y lo editorial, para terminar convirtiéndose en un precursor de la publicidad gráfica. De aquella época, se dejaba entrever la faceta mas propia del artista; el humor gráfico.