«El día en el que a Dios le temblaba un poco el pulso»

al ser humano, en nuestro mundo actual occidental al menos, se le ha tachado como una especie destacada y superior frente a las otras especies del reino Animalia, se tiende a poner a si mismo por sobre un podio construido por nada más que nosotros mismos, al tener, al menos en teoría la ventaja de ser más evolucionados que los demás, a través de los miles y miles de años de la evolución humana, el hombre se ha ganado un lugar bastante cómodo dentro del gran plano de la naturaleza, se ha alzado vencedor ante la vida, y, posteriormente hasta a sus pares. Tendemos a simplemente distanciarnos y a olvidarnos que tenemos un instinto, y una increíble necesidad de control, control que se obtiene consiguiendo uno de los anhelos más grandes de la especie:el poder.

Situándonos más en un contexto europeo poco después del descubrimiento de un nuevo continente, un continente que iba en contra de todas las leyes del cristianismo, un continente que desafiaba la santísima trinidad, ocupando un aparentemente molesto número cuatro dentro de los continentes del mundo. Una Europa dominada por el miedo, los dogmas de la religión, y por el hambre de poder. Todos estos aspectos convergieron en un continente creado a partir de un imaginario y por una construcción europea, creado en el sentido de ser caricaturizado por la sociedad de antaño, y totalmente deformado en pos de mantener el discurso dominante de aquellos tiempos. los indígenas eran salvajes, carentes de Dios, creaciones inmundas y mezcladas con los animales, presuntamente traídos por el mismo demonio para ahuyentar el alcance del evangelio, estas nociones existían inculcadas por las palabras de la religión, la cual se sustentaba, a su vez, del miedo del pueblo, la religión y por ende la sociedad de esos días se vio en un ambiente totalmente desfavorable al nivel de sus creencias, cosa que fue empezando a tapar de alguna forma gracias a los mitos, dotando a los indígenas de características poco humanas, deformes y alejadas de la gracia y la forma de Dios, apoyando, a su vez una colonización violenta, y que tenía como su mayor impulso el ansia de poder y de alcance.

las criaturas que quedaron para la posteridad plasmadas en el papel de la sociedad de aquel entonces serían objetos de estudio y de admiración para los años venideros, pero por sobre todo un canal por el cual se puede entender de una mejor manera el como era la mentalidad europea. como se representaban a los indígenas como meros caníbales que se la pasaban masacrando a cada momento como si de el mismisimo infierno se tratase, como se representaban a las mujeres, que poseían algo de poder he influencia dentro del imaginario mundo de las amazonas como un potencial riesgo y como un terror absoluto, como los indígenas carecían de cabeza, de rasgos y de humanidad, como todo carecía de Dios.

Sin duda esta tierra construída en su momento por el imaginario de una sociedad conolizadora resulta un tema complicado de pasar por alto, sus consecuencias se pueden observar hasta hoy en día, sin embargo, por esto mismo es que se debe tener una noción de nuestras raíces como latinoamericanos, para poder acabar de una vez con un legado que no aporta más que cadenas y que se mantiene amputando alas.

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